Admitamos Nuestras Fallas

Estoy segura que ya casi todos han participado en la conversación de una manera u otra. Sale hasta por las orejas. Ha sido el tema más discutido (que no sea Donald Trump)  desde que surgió lo de Harvey Weinstein en Octubre del 2017 cuando Ronan Farrow, hijo de Woody Allen y Mia Farrow, reportó sobre él a través de The New York Times con varios exposées detallando los múltiples incidentes donde actrices se vieron lidiando con una situación cual no debería de ser permitida en cualquier ámbito profesional, público, y/o privado. Pero la conversación no es sencilla; no es blanca y negra.

Desde que surgió el tema sobre el acoso y abuso sexual en Hollywood, han habido todo tipo de respuestas en las redes sociales, en las cenas familiares, en las fiestas entre amigos, y hasta en el trabajo. Es un tema que muchos traemos en la lengua y es uno que no tendrá resolución tan pronto como debería.

Por un lado está el movimiento #MeToo, similar al de #MiPrimerAcoso en México, que a través de las redes sociales se busca atraer atención a lo predominante y común que es el acoso sexual hacia la mujer. Trata sobre solidaridad y sobre hacer dar cuenta que a casi todas las mujeres, definitivamente a muchos hombres también, pero especialmente a las mujeres les ha sucedido algo en algún punto de sus vidas que se pueda sencillamente clasificar como “acoso” si es que no es “abuso”. Aquellas que dirán, “A mi no.” Si, es posible que a ti no. Pero no lo más probable y regresaré a este punto.

Esta aquellos que no entienden o rechazan la idea de que esas actrices que denunciaron a Weinstein puedan llamarlo acoso cuando ellas mismas entraron a la habitación de hotel de Weinstein sabiendo muy bien sobre su reputación ¿Por qué alguien aceptaría una junta en un hotel con la persona más poderosa de la industria en la cual buscan trabajar y quién probablemente decidirá si serán exitosas o no?

Esta el Weinstein effect que ha causado que más voces salgan de las oscuras y denuncien a ellos en poder que han abusado de su posición social, económica, y política con fin de aprovecharse de alguien por una sola noche.

Esta la voz de la actriz francesa Catherine Deneuve quien rechaza al movimiento como un puritanismo en el tema de sexo y una amenaza al romance cotidiano que observamos en las películas de cine, en nuestros sueños cuando esperamos que nuestra pareja nos sorprenda, o hasta en nuestros secretos cuando fantaseamos sobre el vecino, el compañero de trabajo o el chico sentado del otro lado de la barra. Hay que dejar algo claro, el acoso no es romance y el romance no es acoso. Es importante saber esa distinción. 

Están aquellos que dicen que el tema merece un cierto balance; como si decir que el tema de acoso y abuso sexual necesita un lado que defiende …. ¿al acosador?

Luego hay historias como la que acaba de surgir donde una joven fotógrafa reclamó ser víctima del comediante Aziz Ansari. Alguien famoso, recientemente ganador de un premio Golden Globe y al cual se le reconoce por sus opiniones progresistas y liberales. Ella describe lo que parece haber sido una situación donde el actor se aprovechó de ella y él respondió con lo que se ve ser una respuesta genuina y honesta. Conclusivamente parece más como un cita que sencillamente no fue buena. Un encuentro entre dos, donde la comunicación falló y la poca actividad sexual que ocurrió fue incómoda e innecesaria.

Aquí es donde surgen las miles de preguntas que se han hecho desde de Octubre para los que siguen las noticias y desde mucho más antes para quienes conocen el tema: ¿Que debe de suceder para que uno pueda clasificar algo como acoso? ¿Quién decide que es acoso y que no? ¿Como se debe de lidiar con las emociones y sentimientos con aquello que sucede físicamente y verbalmente? ¿Cuales son las rayas negras y cuales las grises? ¿Hay rayas grises? ¿Como lidiamos con las diferencias culturales, sociales, y emocionales que surgen cuando tratamos el tema de sexo? ¿Quien exagera y quien no? ¿Porque a ella/el se le cree y ella/el no? ¿Como se debe de discutir el tema en público? ¿Como de debe discutir en privado? ¿Cuales son y donde caen las responsabilidades de algo que sucede en la sociedad general?

La ley se impone con el fin de proteger a aquellos que se encuentran más vulnerables ante una amenaza. Mientras en teoría la ley debe de apoyar en solucionar esta clase amenaza social, la realidad es que apenas y funciona a su mínimo potencial. Por un lado, la mayoría de las mujeres no denuncian contra sus acosadores porque ellas mismas no creen que lo que les sucede es valido como acoso o abuso. Esto es por muchas razones que incluyen amenazas por el acosador, la mujer pensando que ese trato no vale como acoso, no vale ella lo suficiente para denunciar, que fue su culpa, o se ha normalizado tanto ese abuso que no hace diferencia denunciar o no.

Es importante reconocer que mucho de esta mentalidad se le enseña a la mujer sistemáticamente. De la misma manera en que cuando sí se logra hacer una denuncia, automáticamente suelen cuestionarle lo que traía puesto, con quién estaba, que tomó, y otras ene Miles de cosas que se tratan de verificar por su lado antes de imaginar que exista un acosador.

Y por otro lado, el sistema burocrático no es de gran apoyo a víctimas y también de manera sistemática, le falla a quienes más lo necesitan cuando no los protegen de quienes les causa daño. Esto se ve reflejado cuando en muchos de los casos, las mismas autoridades también buscan culpar a la víctima por aquello que le sucedió.

Entonces, si ya sabemos que la misma institución que debe de protegernos de estos incidentes falla tan catastróficamente, mi pregunta es ¿porque a la sociedad en general se le hace tan complicado o difícil de pensar que existe la posibilidad de que estas cosas suceden con tanta frecuencia y con tan poca atención? ¿Por qué se nos hace tan difícil pensar en la posibilidad de que exista esta falla dentro de nuestra vida cotidiana con todas las otras fallas que suceden al mismo tiempo y que reconocemos con facilidad? ¿Por qué esta falla social no tiene credibilidad y todas las otras sí? ¿Por qué la corrupción sí? ¿Por qué el robo, sí? ¿Por qué el homicidio, sí? ¿Por qué la necesidad de mentir, de juzgar, de hacer trampa, sí tienen lugar y valor sentimental, legal, y ético dentro de nuestra sociedad pero la falla en que tratamos a los sexos de manera distinta y de manera anticuada, abusiva, injusta, y efectivamente dañina, no? Con todas las tonteras que hacemos como humanos diariamente, ¿porque a esta falla no se le da credibilidad? 

No pretendo saber cuales son las respuestas para cada caso que se presenta en los medios ni el entendimiento a las muchas complejidades de lo que es ser un humano hoy en día. Lo que propongo es que tengamos como sociedad la humildad de no asumir saber exactamente cuales son las experiencias de otros porque nosotros creemos que nuestras propias experiencias son lo suficiente para determinar las de los demás. 

Si en cualquier momento has sentido que nadie te entiende, que estas solo en tu experiencia, que si fueras a murmurar tus pensamientos al mundo, ese se caería encima de ti; tu tarea es tratar de tener la mínima compasión y dar a los demás el mismo beneficio de duda que tu quieres que los demás tengan contigo.

No somos una sociedad ciega ni inútil.  Entendemos que el hombre y la mujer tienen pasados muy distintos en la historia que compartimos y entendemos que en el pasado los hombres y las mujeres han tenido distintos papeles dentro de la sociedad. Entendemos que ha la mujer se le otorgó el derecho a votar en México en solo 1953. Es decir, antes de ese año la mujer no tenía el derecho ni de expresar su opinión y decidir por sí misma que clase de vida privada y pública quería llevar acabo. Es decir, mi propia abuela todavía no tenía el derecho de votar el año que mi padre nació. Eso es un hecho.

Pero ese hecho no garantiza el trato equitativo dentro de la sociedad. No garantiza que el jefe vea a su compañera como su igual. No garantiza que un marido permita a su mujer o hija atender a la escuela. No garantiza que a tu secretaria no le vaya a pegar su esposo por llegar tarde del trabajo. No garantiza que a la jefa no la tomen en serio para asistir a juntas donde los hombres salen a comer y a beber juntos para hablar de cosas que “no son para mujeres”. No garantiza que le crean a tu amiga cuando platique que alguien se la violo mientras caminaba a su casa. No garantiza que tomen todo esto en serio porque hay ciertas cosas que definitivamente no han cambiado.

Existe una falla en nuestra sociedad cuando ahora que sale este tema al aire, uno que es serio y que refleja una crisis existencial sobre que clase de sociedad y humanos queremos ser, tan fácilmente se le cuestiona su credibilidad. Tan incomodo el tema y tan cómodos están ahora, que el pavor a la posibilidad de que las cosas cambien hace que prefieran hacerse los ciegos y los negados que enfrentar uno de los retos más importantes en nuestra historia: admitir la falla y permitir que la otra mitad de la población, es decir, la mujer, pueda tener la voz independiente que tanto se le dice haber otorgado hace ya tiempo. Pero basta del habla y permítanse escuchar.

Y a mis amigas que dirán, “a mi no.” Les diré, que bueno por ustedes. Y sí, les creo, esa es la diferencia.

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