“¡Busco muchacha de quedada!”

“¡Busco muchacha de quedada!”, “¡Necesito muchacha de entrada por salida!” son frases que leo constantemente en Facebook. En San Pedro Garza García, NL, con toda su riqueza, el intercambio de muchachas, o trabajadoras domésticas, funciona como un mercado de subasta. Se hace la recomendación en los comentarios, se describen sus habilidades (cocinar, limpiar, etc) y al siguiente hogar se manda.

En México, alrededor de 2.2 millones de personas ocupan el puesto de empleados domésticos. De esa cifra, de acuerdo al INEGI, 96 de 100 son mujeres. En Nuevo León, se cuenta con alrededor de 40 mil mujeres indígenas en el puesto.

Desafortunadamente, aún cuando algunas familias observan a estas mujeres como parte de su núcleo, las cifras publicadas por la INEGI también demuestran que solo 2 de 100 empleadas domésticas en México tiene acceso a seguro de salud como parte de sus derechos laborales.

Además de una falla en sus derechos laborales, trabajadoras de hogar expresan una falla en su trato como entidad humana. Se expresa una frecuencia alta de maltrato, humillación, y exceso de trabajo con poco pago. Es cierto que se les exime de la obligación a Vivienda y por ende se es visto su ingreso como voluntario. Pero su supervivencia no es solo responsabilidad del Estado, si no de nuestra sociedad.

Debemos ser precavidos al como nos expresamos cuando hablamos de los trabajadores de hogar. Cuando observo estos statuses en Facebook, veo lenguaje cual refleja uno de mercancía a la renta, o casi, a la venta. Como sociedad, tenemos una responsabilidad a todos quienes forman parte de nuestra economía, ya sea formal o informal. Una responsabilidad hacia respeto mútuo.

No se bien exactamente como me siento cuando leo statuses en Facebook a los cuales se refieren a “necesitar” un empleada de hogar. Es costumbre Mexicana “necesitar” ayuda. Pero también es costumbre Mexicana el necesitar ser apoyados por el sistema cual constantemente se aprovecha de nosotros. Un sistema que permite un alto nivel de pobreza sistemática.

Mi punto, no es sencillamente abarcar este tema en términos económicos, sino sociales y de lo semántico ¿Qué dice de nuestra sociedad cuando nos referimos a un sector de nuestra población necesitada como mercantil?

Este hábito de buscar empleados a través de las redes sociales no inusual. Es la manera más sencilla y existe el factor de necesitar confiar a quien entra a tu hogar. Por ende tiene mucho sentido buscar dentro de tu propia comunidad. Esta práctica también se repite en otros sectores laborales como el de freelancers: programadores, diseñadores gráficos, o otros múltiples tipos de trabajos.

No es decir que es una población que no viene con sus propios problemas. No es coincidencia que muchas se ven aprovechar de quienes las emplean. Son mujeres cuyo instinto de supervivencia está basado en condiciones muy distintas de quienes las emplean. Son dos culturas muy distintas viviendo bajo un mismo techo. Son dos statuses socio-económicos coexistiendo de la manera más armónicamente posible bajo la condición de que una parte tiene poder y la otra obedece. No son condiciones laborales como en cualquier otro sector donde uno puede decir, “No es parte de mi trabajo”. 

Pero este sector de la población, el de trabajadoras domésticas, es compuesta en gran parte por jóvenes de las edades de 15 a 19 años de edad con una escolaridad de primaria si es que alguna.

No es lo mismo la comercialización de un empleo que requiere alto nivel educativo a uno de una población indígena, joven, de bajos recursos, necesidades financieras y bajo nivel de educación. Muchas sufren abuso doméstico en sus propios hogares, son madres solteras, y son quienes mantienen a su propia familia.

Cabe mencionar que muchas de estas jóvenes habitan por gran parte de su semana laboral dentro del hogar de empleo, lejos de sus casas, lejos de sus familias y de sus comunidades.

Es así que propongo el cuestionar cómo es que hablamos sobre y tratamos a un sector de nuestra población con necesidades más graves que las de ellos quien las emplea. No concuerda el sentimiento de “confianza” que se expresa sobre ellas, la manera informal en la cual hablamos de ellas con los demás con el trato general que se les da dentro de nuestra sociedad. Es este trato cual termina definiendo su calidad de vida fuera del hogar donde trabajan.

Es con esta información que debemos cuestionar qué exactamente es la necesidad de tener muchacha. Mientras por un lado es un sector laboral legítimo y parte de la composición de nuestra sociedad; son mujeres que viajan de estado en estado buscando mejores oportunidades. Debemos comenzar a cuestionar cómo es que las podemos apoyar más allá de un salario mínimo establecido por un sistema que les niega gran parte de sus derechos como ciudadanas mexicanas.

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