mi pérdida de fé

El tema de religión y la iglesia católica a resurgido por las notas que han sido publicadas sobre los abusos descubiertos en Pennsylvania en Estados Unidos. Por un lado estas noticias me causan enojo y malestar. Por otro, parte de mí espera que los seguidores de esta institución finalmente lleguen a ver lo que yo veo.

La perdida de fé es un proceso que toma tiempo. Como si fuese a salir del closet metafórico, es un camino que comienza con dudas, miedos, y reafirmaciones. No es una rebeldía contra la sociedad ni un querer causar malestar en otros.

Para mí, todo comenzó desde muy chica y el tener que ir a misa. Jamás lo disfruté. El ir a misa, clases de catecismo, y el rezar. Jamás lo entendí y se me hacia tedioso. El despertar un domingo para vestirte en tu mejor vestuario para ir a pararte en espacio claustrofóbico sin clima, no es la definición de diversión para ni un niño. Y el esperar que una niña pequeña ponga atención a algo que no entiende es mucho pedir.

Yo me la vivía analizando quienes estaban ahi sufriendo conmigo, cuestionando que exactamente era lo que pensaban. Los adultos se veían semi atentos y sus niños igual de distraídos que yo. Seguía sus movimientos- señal de la cruz, hincar, sentar, parar, sentarse de nuevo- pero no entendía ni para qué ni por qué.

Alrededor de mis 12 años paramos de ir a misa y fue la bendición más grande para mí. Me podía despertar un poco más tarde y esperar con anticipación a un almuerzo familiar en el restaurante al que recurríamos cada fin de semana. Pero aún así éramos creyentes. Mis padres simplemente ya no le vieron punto el atender a misa cuando nadie quería estar ahí. Claro, tuve amigas que me decían lo malo que era esto y que ellas me recogerían de mi casa por que tenía que ir.

Por otro lado, con mi inocencia de niña, tampoco entendía porqué mis deseos no se cumplían. Me pasaba las noches rezando y pidiendo. Rezaba por que este dios tan bondadoso me diera la orejita que se le olvido hacerme. Pero este ser tan poderoso parecía ignorarme y eso me molestaba. Me sentía rechazada y enojada que este dios no me ponía la atención que pensaba merecerme. Me despertaba cada mañana alzando la mano a mi cabeza solo para decepcionarme más con el.

Durante la adolescencia aprendí a ser más observante. Veía muchas incongruencias entre lo que la gente expresaba cuando hablaban de religión y su fé, pero su comportamiento dejaba saber que eso que proclamaban no se sostenían con el pasar del tiempo. Comencé a ver a la gente como personas individuales con sus fallas y menos como parte de un gran plan diseñado por un dios. Estas fallas también las vi en mi misma.

Comencé a aprender sobre el mundo y las cosas terribles que sucedían mientras mis amigas y familiares hablaban sobre las bendiciones de Dios y como hay que dar las gracias. Empece a cuestionar el por qué a mi me tocaba dar gracias por lo positivo de mi vida pero alguien más se veía sufrir cosas que estaban fuera de su control. Se hablaba de la pobreza de mi país mientras comíamos en un comedor elegante después de que yo regresaba de mi escuela privada dentro una de las comunidades más adineradas del país. El “gracias a Dios” perdió todo significado para mí.

A los 16 ya me identificaba como “Agnóstica”. Un paso natural para cualquier católico en cuestionamiento de su fé.  Ya hablaba un poco más abiertamente sobre el tema pero con miedo a ser criticada u hostigada por esta decisión. En aquel entonces ya había cruzado una linea que pocos cruzaban. El cuestionar.

Durante la carrera es cuando todo cambió. No solo perdí total fé en la iglesia, en Dios, o en un tipo de ser espiritual o metafísico, pero adquirí una actitud de desprecio por la religión como tal.

Al inicio esta actitud me comía viva y me hervía la sangre. Buscaba con quién pelear y debatir constantemente. En restaurantes, en bares, en juntadas entre amigas- donde fuese. De una manera u otra sacaba el tema, recitaba de los libros que leía y como si fuera guerrera en camino a batalla, mis manos bailaban y saltaban mientras daba mis argumentos que parecían derramarse de mi boca sin control. Claro, con poco resultado.

Había leído un libro que me afirmó y contesto todas las dudas y preguntas que tenía capturadas en mi mente. Reí y llore mientras que el texto causaba que mi corazón se acelerara de la emoción. Lo que sucedía era algo que no podía describir a otros. Una revoltura de éxtasis, felicidad y calma mental que buscaba desde pequeña.

Investigue al autor y aquellos que escribían con un pensar similar. Compre más libros y leí como solía hacerlo de chica. Pasaba noches enteras hasta que saliera el sol viendo debates sobre religión en YouTube. Tanta era mi emoción que no me importaba perder sueño con esto que había descubierto y morir de sueño en mis clases de la universidad.

Pero también fue durante este tiempo que aprendí hablando con los demás lo fácil que es para otros decir, “Es que tienes que respetar.” El decir esto siempre me dejaba confundida. Mi intención en sí no era faltarles el respeto pero tener una conversación o debate sobre un tema que tanta gente considera importante. Como un autor dice, si podemos debatir sobre todos los aspectos de la vida social, por que la religión se omite de esto? Por que esto es libre de crítica? Más aún cuando tantos lo consideran el motor de sus vidas diarias.

Cuando me decían que debía respetar, se referían a que la religión es una experiencia personal. Pero también era decir “Ya no hables de esto. Mejor no le muevas.” Esto se volvió inaceptable para mi. La palabra respetar me dejo cuestionando que exactamente implicaba.

Me encontraba en mi escuela de arte teniendo que hacer mi tesis. Limpié mi studio, puse papel café en la paredes y escribí la palabra “Respetar” en el centro y me senté frente a el a pensar. Escribí más palabras, ideas que se conectaban y entretejían. De ahi, desarrolle mi proyecto.

Son cinco años después y mi pensar no ha cambiado pero mi manera de lidiar con el sí. Después de la carrera hice maestría en Sociología para poder encontrar más respuestas a como lidiar con esto que me consumía tanto tiempo y energía. Quería poder hablar del tema de manera inteligente y calmada. No es decir que ahora lo tengo todo averiguado, pero como decido responder afecta a como los demás responden a mí. El “Tienes que respetar”, fue menos frecuente.

Las respuestas que ahora veo hacia el tema de los abusos me siguen sorprendiendo. “No hay que generalizar.” “No todos son así.” “Hay que ver lo bueno que se hace también.” “No tienes que alabar a los curas.” “No creo en la iglesia pero tengo mi fé.”

Por un lado tengo empatía hacia ellos. Yo me sentí liberada de esta religión y por ende ahora puedo ver la situación con ojos objetivos. Hasta perdón y lastima siento por la decepción que deben sentir los religiosos ante esta realidad de película de miedo. La película más terrible que uno se podría imaginar.

Por otro lado, no acepto el silencio por su parte. Son los religiosos quienes se quedan callados ante lo que sucede. Son quienes ofrecen excusas que no tienen ni pies ni cabeza. Si tan personal e importante es su fé para ellos, ¿por que no pelear por ella? Si fuese cualquier otra organización, religión, industria; la gente no tendría estas respuestas que repartir. Estarían listo para denunciarlos orgullosamente. Critican el Islam por sus problemas pero reparten excusas por el Catolicismo.

Lo que yo veo en el catolicismo, como en las demás religiones, es una organización creada por hombres. Una institución llena de corrupción con sangre y lagrimas derramadas.

Es escoger ignorar lo increíble que es el mundo natural y las ciencias, lo interesante que somos los humanos, y el rechazo de la verdad por una idea que no se a comprobado si es que resulta ser verídica. Mi pregunta a ellos es, ¿pues a costa de qué?

Es tomar la palabra de ese ser humano parado frente a ti como quien interpreta la voz y conocimiento de un dios al cual das toda razón y responsabilidad por tu existencia. Es aceptar que esa persona detrás del púlpito tiene una verdad que tu buscas mientras estas consciente que el sabe lo que sus compañeros hacen detrás de las cortinas y mantiene el silencio. Es escoger tus creencias sobre el bienestar de tus hermanos y hermanas.

Ahora cuando me hablan de lo personal que es la religión y la fé, siempre respondo con lo mismo. “Eres católica/o y crees en el dios católico por la mera coincidencia de que naciste en México, tus padres son católicos y 80% de los mexicanos son católicos. Eres católica/o porque hace una vez fuimos conquistados por los españoles y trajeron con ellos este dogma cual ahora llamas personal. Si fuese haber nacido en Irán, lo más probable es que serías musulmán.”

Entiendo el aspecto meditativo de la religión. A eso muchos le llaman espiritualidad. Es completamente humano buscar espacio donde poder contemplar y sentir una clase de paz mental. Pero dar excusas por los abusos y la corrupción de esta institución, por llamarlo una experiencia personal y espiritual es ignorar la realidad de tu parte en la composición de esta organización y la importancia de ellos en tu propia fé.

Y cuando me dicen que tengo que respetar, respondo “No tengo por que respetar las malas ideas… Más aún cuando buscas defender tu fé personal a costa de la violación de miles de niños.”

 

Recomendaciones:

Mea Maxima Culpa: Silence in the House of God (documental, 2012) > sobre los abusos en una escuela de niños sordomudos. Es muy fuerte. https://www.youtube.com/watch?v=HTlP2-G0ec8

The Keepers (serie documental, 2017) https://www.netflix.com/us-es/title/80122179 > sobre el asesinato de una monja quien sabia de los abusos en una escuela norteamericana

(No se asusten por los títulos llamativos…. Son autores extremádamente estudiados.)

“The God Delusion”, 2006, Richard Dawkins

“God is not Great: How religion poisons everything”, 2007, Christopher Hitchens

“The End of Faith”, 2004, Sam Harris

Videos de Christopher Hitchens en Youtube: Fue un hombre muy inteligente con una manera de hablar que no se iguala en nadie

The Catholic Church is a Force for Good in the World, intelligence squared debates> debate cual cuestiona si la iglesia católica es buena para el mundo

 

 

 

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