Carta a la Mamá que Trabaja

Querida mamá que trabaja,

Crecí en los 90’s con una mamá que trabajaba. No solo trabajaba, pero era dueña de su propia empresa con su mejor amiga.

Parte de mi niñez incluía visitarla en su oficina y correr por los pasillos de telas colgadas y sentarme en una esquina con libros que me permitían soñar sobre habitaciones y casas encantadas cuales te abrían mundos de posibilidades. Por las mañanas la escuchaba en el teléfono dando ordenes, hablando con clientes, y asegurando que todo en la casa estuviera en orden, incluyendo las flores frescas que iban en cada habitación.

Cada día festivo era la oportunidad de usar la creatividad cual nos había impartido a mis hermanas y a mí. En Navidad, nos enseñaba a decorar el árbol de navidad como aquellos en los cuentos. Forrábamos regalos y les poníamos moños grandes como hechos por algún profesional. En Halloween, aún cuando nadie tocaba nuestra puerta, pasábamos un día entero haciendo paletas de chocolate en forma de murciélagos, fantasmas, y calabazas. Llenábamos bolsitas de dulces y les poníamos listones de colores. En páscua teníamos la tradición de invitar a nuestras amigas y pintar cascarones de huevo de colores para después reventarlos sobre nuestras cabezas.

Cuando tocaba que tenía que visitar la escuela, lo hacía. Leyó un libro a mis compañeros mientras yo me azorrillaba en una esquina con la pena del mundo. En el festival del día de la madre lloro por la tercera vez en su vida. Cuando ella no podía asistir, se aseguraba de mandar a alguien de la familia o persona cercana para asegurar que no nos sintiéramos abandonadas.

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Por las noches, regresaba de la oficina para checar mi tarea, preguntarme sobre mi día y para meterme en mi cama siempre dándome la bendición y un beso en el cachete.

Crecí en los 90’s con una mamá que trabajaba cuando las de mis amigas y mis compañeros no lo hacían. Pero esto jamás fue un problema para mí.

Sabía que era mal visto cuando mi mamá no podía ir a algún evento escolar y sabía que se le juzgaba por en sí tener el atrevimiento a trabajar.

“¿Qué no le importa sus hijos lo suficiente?”

Pero esa no era la pregunta que debieron haber propuesto. La pregunta era: ¿Como le hace?

Nuestra sociedad, una de privilegio, observaba que una vez que la mujer tenía hijos, su lugar en el mundo era existir para sus hijos solamente. Su vida debía tratar sobre ellos y el hogar mientras que el esposo empresario se aseguraba de ofrecer todas las posibilidades de un posicionamiento social envidiable. Mis papás rompían ese esquema y por ende causaban controversia. Pero a mis 10 años, eso no entraba en mi periférico.

Querida mamá que trabaja, quiero que entiendas algo: jamás me falto algo.

Ser madre no trata solo sobre la cantidad de tiempo que estas ahí por ellos, sino como utilizas el tiempo cuando estas con ellos.

Nuestra sociedad sí ha cambiado pero también sé que no lo suficiente. Nuestra generación ha producido una población de mujeres emprendedoras, trabajadoras, y audaces quienes consideran un privilegio el poder hacer lo que les gusta. Aún cuando no hayan tenido mamás que trabajaban, el mundo se les ha abierto y ellas quieren dejar su marca en el.

Pero también sé que existe la critica. Lo observo en las vidas de mis hermanas, quienes ya teniendo hijos, no pueden vivir sin utilizar la educación que obtuvieron y talento con el cual nacieron. El concepto de no trabajar, simplemente no es una realidad. Aún así se ven lidiando con las mismas críticas de una generación antigua.

Como hija de una madre que no solo trabajó, pero quien a sus 62 trabaja más que nunca, te digo: no dejes que nadie te haga sentir que estas haciendo algo mal. Fue el que trabajó ella durante mi niñez la razón por mi capacidad por soñar, estudiar, desear, y pelear.

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En el presente, nos juntamos todos los sábados y domingos para comer en familia. Hablamos sobre política, diseño, trabajo, historia y más. Nos reunimos para contar las historias de nuestras vidas independientes cuales incluyen propósitos, logros, fallas, y miedos. Cada quien con su propio oficio y conocimiento, nos retamos, escuchamos y aprendemos.

Querida mamá que trabaja, el que tu trabajes no solo trata sobre ti, sino el mundo de oportunidades y posibilidades que le abres a tus hijos, especialmente a tus hijas, al verte hacerlo. En un mundo donde ahora la educación esta en las palmas de sus manos, verán que el trabajo no es algo que tienen que hacer, sino un deseo por lograr. Haber tenido una mamá que trabajaba, y aún lo hace, es lo que me hace lo que soy.

Ahora que vivo en su casa, la despido cada mañana que se va a la oficina. Le admiro sus ganas, pasión, motivación, poder, y estilo mientras sale por la puerta. Le digo adiós y me pongo a trabajar.

Con cariño,

Hija de una mamá que trabaja

8 Comments

  1. Corde Porte

    Que hermoso escribes Domi! Llore tanto. Me senti tan identificada. Mi mamá rompiendo esquemas al igual que la tuya, ella siendo entrenadora de gimnasia representando a su país México con tanto orgullo pero criticada siempre y juzgada, sin saber la gente el gran ejemplo que nos marco. Te felicito y te mando un abrazo.

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