Sin contexto, no hay dialogo – Without context, there is no dialogue (esp-ingl)

My politics on gender are often belittled by those that often prompt me to discuss them. I’m often characterized as being to stubborn, harsh, dramatic, and hard-lined. But I was recently thinking about how I myself have begun to get tired of the subject. It’s a juggling act between not wanting to fight anymore but being pushed to do so.

Mis políticas sobre género son seguidamente criticadas por aquellos quienes me impulsan a discutirlas. Seguido se me caracteriza como necia, densa, dramática, o dura. Pero recientemente estaba pensando sobre como yo misma me encuentro algo cansada del tema. Se ha convertido en un juego de malabares entre el no querer pelear más y el ser empujada a hacerlo. 

After a year and a half of moving back home, I’ve come to realize that the only reason I find myself feeling the need to defend my feminist stance so often is due to the very environment I find myself in. It hasn’t even been about discussing feminism at all actually, but rather having to fire back at comments and discussions that, at this point in time, shock and puzzle me.

A un año y medio de haber regresado a casa, me he dado cuenta que la única razón por la que me encuentro teniendo que defender mi postura feminista es por el mismo contexto en el que me encuentro. No ha ni tratado sobre feminismo como tal, si no sobre tener que responder a comentarios y discusiones que, a este punto en nuestra historia, me sacuden y confunden.

It was in New York where my politics were molded. The irony with that lies in the fact that rarely was gender ever a topic of discussion outside of my academic surroundings, the news, or the state of politics. Granted, New York is a liberal bubble. It’s vastly diverse population makes discriminating a moronic act itself. One would have to be an idiot to attack someone different from them as there is an army behind each and every one of its citizens. It is not to say that gender discrimination, or any kind of discrimination, doesn’t exist – that would be a gross mischaracterization. I was a participant in the 2016 Women’s March in NY. But in my 8 years living there, was it never as palpable as it is in my current life. It was rarely a topic of discussion in my social life except when we discussed the differences in our treatment between our lives there and the ones back home.

Fue en Nueva York donde mis políticas se moldearon. La ironía cae en el hecho de que con rareza fue el tema de género uno de discusión fuera de mi ambiente académico, las noticias, y el estado politico en el que nos encontrábamos. Seguro, Nueva York es una burbuja liberal. Su población extremadamente diversa hace que el acto de discriminar sea uno imbécil. Uno tendría que ser un idiota para atacar a alguien opuesto a el ya que en esta, Nueva York, cada uno de sus ciudadanos tendrá una armada que lo apoye. No es decir que la discriminación de género, o cualquier otra, no existe- sería una caracterización errónea. Yo misma fui participante en la Marcha de las Mujeres en el 2016 en NY. Pero en mis 8 años ahi, nunca fue tan palpitante como lo es ahora en mi vida. Rara vez fue tema de discusión en mi vida social salvo a cuando discutíamos las diferencias en nuestro trato entre Mexico y Nueva York. 

Now that I’ve settled back in Monterrey, I notice that the topic of women and men as different beings is too often brought up. Not as a back and forth discussion where different points of view are offered to further the gender equality discussion, but rather antiquated behaviours and attitudes socially attributed to either men and women are often brought up in random conversation.

Ahora que ya estoy en Monterrey, he notado que el tema de mujeres y hombres como seres distintos es común en conversación. No un viene y va sobre diferentes puntos de vista sobre como combatir la discriminación de genero, sino los comportamientos y actitudes anticuadas que se le atribuyen a los hombres y mujeres seguido son utilizadas aleatoriamente en conversaciones. 

In my hometown of San Pedro, the socially created dividing line between men and women is a constant living breathing aspect of life. In the past decade, never had I been reminded so often that I am a woman, and not in a good way. I am not here to say that no differences lie between men and women. But I find myself asking why it’s a punch line in every conversation that I seem to be involved in. This has become excruciatingly exhausting.

En mi ciudad natal, San Pedro, la socialmente creada linea divisoria entre hombres y mujeres es un aspecto viviente en la vida cotidiana. En la última década, jamás se me había recordado con tanta frecuencia que soy mujer, y no de una buena manera. No estoy aquí para decir que no existen diferencias entre hombres y mujeres. Pero seguido me encuentro preguntándome porque es que es un punto de argumento utilizado tan seguidamente dentro de las conversaciones en las que me encuentro participando. Esto se ha vuelto enloquecedoramente agotante. 

Behind every social act, there exists the background noise of gender differentiation. Every social gathering takes into account gender. Whether it’s game night, movie night, going out, or lounging around, who will be in attendance? Are girlfriends/wives invited? Boyfriends/Husbands? If so, is it then only couples night? Maybe only men so they can talk about the things women can’t be privy to. They aren’t always comfortable being themselves around women. Which pegs the question…

Detrás de cada acto social, existe el ruido de diferenciación de género. Cada reunión social toma en consideración género. Ya sea noche de juegos, de cine, de salir a la fiesta, or tirar flojera, se considera: ¿quién participara?¿Van novias/esposas?¿Novios/Esposos? Y si sí, ¿entonces es noche de parejas? Capaz y solo hombres para que puedan hablar de las cosas que no pueden decir enfrente de mujeres. No siempre están cómodos siendo ellos mismos frente a ellas. Cual hace uno cuestionar…

Parenting is a big one. It is one of the most common points of conversation in every social circle as it continues to be one of the main driving forces, if not the main one, of life in my hometown. Parenting: it’s for women and any man that does anything parent related is often mocked for being “whipped”. As a topic, I’m down. Even if I’m not a parent myself, I have no issue against discussing parenthood. But the issue lies in the details. How the role of either parent takes shape and what is socially accepted and expected from either of them.

El tema de crianza también es uno grande. Es una de las conversaciones más comunes dentro de los círculos sociales ya que continúa siendo uno de los aspectos, si no el más, importante de la vida en nuestra comunidad. La crianza: es para mujeres y cualquier hombre que hace cualquier cosa relacionado con eso, se ridiculiza por “dejarse”. Como tema, estoy puesta. Aun cuando no soy madre, no tengo ni un problema discutiendo el tema. Pero el problema cae en los detalles. Como los roles se forman y que es socialmente aceptado y esperado de cada uno de ellos. 

Another huge, fat, big one, is the conversation of personality. Yes, it is often that the misogynistic views of the hysterical, stubborn, bossy woman are brought up; also is it common that unflattering adjectives often attributed to women are used as a way of talking about them by men and women. Whatever conversation you may be having, you can always depend on that one person who will make the dividing statement about how women are one way and men are another way. As you read that, I’m sure you can think of a few examples yourself; it’s engrained in our social consciousness.

Otro enorme, gordo, grande tema es el de personalidad. Sí, seguido es que escucho la típica descripción machista de la mujer histérica, necia, mandona; también son comunes los adjetivos dañinos que se le atribuyen a la mujer como manera de tener un conversación sobre ellas por parte de los hombre y mujeres. Cual sea la conversación que estés teniendo, siempre se puede depender en esa persona que hará el comentario sobre como las mujeres son de una manera y los hombres de otra. Seguro se te ocurren algunos ejemplos al leer eso; esta grabado en nuestra conciencia social.

With this, one realizes that social life is then not about just people but rather always about roles. This has become an actual part of my life. Constantly listening to jokes about women, being spoken to or told to behave a certain way because I’m a woman, and walking around with the label of “woman” tattooed on my forehead while then being reprimanded for having anything to say about it. I have received props in the past for my opinions and articles on the subject, but it almost feels meaningless when in life, the fruits of my labor become null.

Con esto, uno se da cuenta que la vida social no trata sobre solo personas sino siempre sobre roles. Esto se ha convertido un aspecto real de mi vida. El tener que escuchar bromas sobre mujeres, el que se me dirijan o me digan que me debo comportar de cierta manera porque soy mujer, y el caminar con la etiqueta de “mujer” tatuado sobre mi frente y el ser hostigada por tener algo que decir de ello. Me han dado halagos en el pasado por mis opiniones y artículos sobre el tema, pero casi se siente insignificante cuando en vida, el fruto de mi labor se vuelve nulo. 

Those close to me, know my stance pretty well. They therefore know I’m an easy target for jokes and insults about women and they, mostly poking fun, take advantage of it. And while I can have a sense of humour about it, I’ve also reached a point where all I want to say is, “GET OVER IT!” If they are tired of hearing about feminism, then why make it an issue at all?

Quienes me conocen, conocen mi postura bien. Por ende saben que soy vulnerable a bromas e insultos sobre mujeres y ellos, casi siempre como broma, toman provecho de ello. Mientras puedo tener un sentido del humor, también he llegado a un punto donde solo quiero responder, “¡SUPÉRENLO!” ¿Si están cansados de escuchar sobre feminismo, entonces para que lo hacen tema?

I know that, even though part of myself is ready to give up, I will forever be ready to argue for the equal treatment of all. It’s wired into me. But I found it necessary to explain that it is the context in which I find myself the very thing which brings me to do so, not the other way around. It is not my intention to bring it up every chance I get. I wish I didn’t have to at all! However, it is my intention to make people check themselves when what they say, believe, or imply about gender differentiation is misguided, dangerous, and consequential to the very community they belong to.

Yo sé, aunque parte di mí ya se quiere dar por vencida, que siempre estaré armada con argumentos a favor del trato equitativo de todos. Corre por mi sangre. Pero sentí necesario explicar que es el mismo contexto en el que me encuentro el que me hace hacerlo, no al revés. No es mi intención sacar el tema cada vez que surja la oportunidad ¡Quisiera no tener que hacerlo! Sin embargo, sí es mi intención hacer que la gente se cuestione cuando dicen, piensan, o presuponen diferenciaciones de género que nacen de un lugar mal guiado, son peligrosas y consecuentes a la misma comunidad a la que pertenecen. 

 

Carta a la Mamá que Trabaja

Querida mamá que trabaja,

Crecí en los 90’s con una mamá que trabajaba. No solo trabajaba, pero era dueña de su propia empresa con su mejor amiga.

Parte de mi niñez incluía visitarla en su oficina y correr por los pasillos de telas colgadas y sentarme en una esquina con libros que me permitían soñar sobre habitaciones y casas encantadas cuales te abrían mundos de posibilidades. Por las mañanas la escuchaba en el teléfono dando ordenes, hablando con clientes, y asegurando que todo en la casa estuviera en orden, incluyendo las flores frescas que iban en cada habitación.

Cada día festivo era la oportunidad de usar la creatividad cual nos había impartido a mis hermanas y a mí. En Navidad, nos enseñaba a decorar el árbol de navidad como aquellos en los cuentos. Forrábamos regalos y les poníamos moños grandes como hechos por algún profesional. En Halloween, aún cuando nadie tocaba nuestra puerta, pasábamos un día entero haciendo paletas de chocolate en forma de murciélagos, fantasmas, y calabazas. Llenábamos bolsitas de dulces y les poníamos listones de colores. En páscua teníamos la tradición de invitar a nuestras amigas y pintar cascarones de huevo de colores para después reventarlos sobre nuestras cabezas.

Cuando tocaba que tenía que visitar la escuela, lo hacía. Leyó un libro a mis compañeros mientras yo me azorrillaba en una esquina con la pena del mundo. En el festival del día de la madre lloro por la tercera vez en su vida. Cuando ella no podía asistir, se aseguraba de mandar a alguien de la familia o persona cercana para asegurar que no nos sintiéramos abandonadas.

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Por las noches, regresaba de la oficina para checar mi tarea, preguntarme sobre mi día y para meterme en mi cama siempre dándome la bendición y un beso en el cachete.

Crecí en los 90’s con una mamá que trabajaba cuando las de mis amigas y mis compañeros no lo hacían. Pero esto jamás fue un problema para mí.

Sabía que era mal visto cuando mi mamá no podía ir a algún evento escolar y sabía que se le juzgaba por en sí tener el atrevimiento a trabajar.

“¿Qué no le importa sus hijos lo suficiente?”

Pero esa no era la pregunta que debieron haber propuesto. La pregunta era: ¿Como le hace?

Nuestra sociedad, una de privilegio, observaba que una vez que la mujer tenía hijos, su lugar en el mundo era existir para sus hijos solamente. Su vida debía tratar sobre ellos y el hogar mientras que el esposo empresario se aseguraba de ofrecer todas las posibilidades de un posicionamiento social envidiable. Mis papás rompían ese esquema y por ende causaban controversia. Pero a mis 10 años, eso no entraba en mi periférico.

Querida mamá que trabaja, quiero que entiendas algo: jamás me falto algo.

Ser madre no trata solo sobre la cantidad de tiempo que estas ahí por ellos, sino como utilizas el tiempo cuando estas con ellos.

Nuestra sociedad sí ha cambiado pero también sé que no lo suficiente. Nuestra generación ha producido una población de mujeres emprendedoras, trabajadoras, y audaces quienes consideran un privilegio el poder hacer lo que les gusta. Aún cuando no hayan tenido mamás que trabajaban, el mundo se les ha abierto y ellas quieren dejar su marca en el.

Pero también sé que existe la critica. Lo observo en las vidas de mis hermanas, quienes ya teniendo hijos, no pueden vivir sin utilizar la educación que obtuvieron y talento con el cual nacieron. El concepto de no trabajar, simplemente no es una realidad. Aún así se ven lidiando con las mismas críticas de una generación antigua.

Como hija de una madre que no solo trabajó, pero quien a sus 62 trabaja más que nunca, te digo: no dejes que nadie te haga sentir que estas haciendo algo mal. Fue el que trabajó ella durante mi niñez la razón por mi capacidad por soñar, estudiar, desear, y pelear.

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En el presente, nos juntamos todos los sábados y domingos para comer en familia. Hablamos sobre política, diseño, trabajo, historia y más. Nos reunimos para contar las historias de nuestras vidas independientes cuales incluyen propósitos, logros, fallas, y miedos. Cada quien con su propio oficio y conocimiento, nos retamos, escuchamos y aprendemos.

Querida mamá que trabaja, el que tu trabajes no solo trata sobre ti, sino el mundo de oportunidades y posibilidades que le abres a tus hijos, especialmente a tus hijas, al verte hacerlo. En un mundo donde ahora la educación esta en las palmas de sus manos, verán que el trabajo no es algo que tienen que hacer, sino un deseo por lograr. Haber tenido una mamá que trabajaba, y aún lo hace, es lo que me hace lo que soy.

Ahora que vivo en su casa, la despido cada mañana que se va a la oficina. Le admiro sus ganas, pasión, motivación, poder, y estilo mientras sale por la puerta. Le digo adiós y me pongo a trabajar.

Con cariño,

Hija de una mamá que trabaja

El Aborto Es Planeación Familiar

Durante el fin de semana ante pasado casi un millón de simpatizantes del movimiento “Ola Celeste México” armada por Frente Nacional por la Familia (FNF) se reunieron a nivel nacional para protestar contra el aborto.

Se dice que hubo testimonios de toda clase. Pero aún cuando hayan tenido testimonios científicos, en un país donde 80% de sus habitantes se identifican como Católicos, no es sorprendente que tantos ciudadanos vayan en contra de la interrupción de embarazo. Es importante que como país entendamos de donde nacen nuestras motivaciones.

Los anti-aborto suelen utilizar retórica positiva cual crea lenguaje afirmativo. Frases como “Sí a la vida” hacen pensar que quienes estamos a favor del aborto decimos “Sí a la muerte”.  Esta falacia comparativa es peligrosa.

La FNF no está pensando en la familia como su nombre lo insinúa. En un país donde la prevención al embarazo es escasa, ocupamos el primer lugar en embarazos en adolescentes y 43.6% de nuestra gente vive en pobreza, el acceso al aborto es cuestión de responsabilidad a la salud de nuestro país. El acceso al aborto es pensar en la salud, no solo del país, pero de los núcleos familiares.

La planeación familiar es suprema para la salud económica y calidad de vida de cualquier sociedad. Cuando estamos hablando de México con su pobreza monetaria, educativa, y laboral, negar el acceso al aborto es atarse las manos frente a uno, hincarse y rezar por un milagro que no va a suceder.

Una de las opciones que ofrecen estos movimientos en contra de la planeación familiar es la adopción. De nuevo, con casi la mitad de nuestra sociedad mexicana en pobreza, la adopción es escasa; casi inexistente. Entre Enero y Junio del 2018, solo 5 niños fueron procesados exitosamente por el DIF.

Lo que resulta es una población de niños y adolescentes abandonada por sus padres que se sitúa en albergues de bajos recursos. Es una población en riesgo a la violencia que persiste en nuestras comunidades. Es una población de futuros adultos que tendrán que lidiar con el abandono de su sociedad.

Además, somos un país que aún sufre altos niveles de violencia contra la mujer y a menores. De acuerdo a la OCDE, México ocupa el primer lugar en abuso sexual y violencia a menores ¿Dónde está la planeación familiar?

La Frente Nacional por la Familia no dice “Sí a la vida”. Dice, “No a la planeación familiar”. Dice, “No a la responsabilidad económica”. Dice, “No a la educación sexual en la escuelas públicas y el hogar”. Dice, “No a la autonomía de la mujeres”. Solo dice “Sí” a aquellas niñas y mujeres que preguntan si deben de abandonar sus estudios para trabajar por un salario mínimo para apenas poder alimentar a ese bebé que no querían o podían tener.

Quienes estamos a favor del aborto decimos “Sí a tu autonomía”. Decimos, “Sí a que tomes control de tu futuro”. Decimos, “Sí a las segundas oportunidades”. Decimos, “Sí a la planeación familiar”. Decimos, “Sí a un país que asume responsabilidad por sus fallas”.

El tema del aborto va más allá del debate sobre dónde comienza “la vida”. Va más allá de la religión y el lenguaje emocional que somos propensos a utilizar cuando hablamos del aprecio que tenemos por vivir. Mientras haya aspectos de la vida que tengan una finta “milagrosa”, no significa que debamos abandonar el razonamiento a cada vuelta por llamar algo “un milagro”. 

El tema del aborto trata sobre ser una sociedad responsable, inteligente, y considerada. Debemos poner nuestros egos e ideologías a un lado y considerar que no siempre sabemos las cosas que nuestros amigos y vecinos viven. 

De nuevo, somos un país 80% Católico. Lo más probable es que todos conocemos a alguien que ha tenido que tomar esa decisión difícil a través de métodos ilegales, peligrosos o necesitando ir lejos para poder accesar el cuidado que requieren.  Pero dado a una ideología que busca crear miedo a través del prejuicio, vivirán con ese secreto por siempre. Esa no es la clase de sociedad dentro de la cual yo quiero pertenecer.

“¡Busco muchacha de quedada!”

“¡Busco muchacha de quedada!”, “¡Necesito muchacha de entrada por salida!” son frases que leo constantemente en Facebook. En San Pedro Garza García, NL, con toda su riqueza, el intercambio de muchachas, o trabajadoras domésticas, funciona como un mercado de subasta. Se hace la recomendación en los comentarios, se describen sus habilidades (cocinar, limpiar, etc) y al siguiente hogar se manda.

En México, alrededor de 2.2 millones de personas ocupan el puesto de empleados domésticos. De esa cifra, de acuerdo al INEGI, 96 de 100 son mujeres. En Nuevo León, se cuenta con alrededor de 40 mil mujeres indígenas en el puesto.

Desafortunadamente, aún cuando algunas familias observan a estas mujeres como parte de su núcleo, las cifras publicadas por la INEGI también demuestran que solo 2 de 100 empleadas domésticas en México tiene acceso a seguro de salud como parte de sus derechos laborales.

Además de una falla en sus derechos laborales, trabajadoras de hogar expresan una falla en su trato como entidad humana. Se expresa una frecuencia alta de maltrato, humillación, y exceso de trabajo con poco pago. Es cierto que se les exime de la obligación a Vivienda y por ende se es visto su ingreso como voluntario. Pero su supervivencia no es solo responsabilidad del Estado, si no de nuestra sociedad.

Debemos ser precavidos al como nos expresamos cuando hablamos de los trabajadores de hogar. Cuando observo estos statuses en Facebook, veo lenguaje cual refleja uno de mercancía a la renta, o casi, a la venta. Como sociedad, tenemos una responsabilidad a todos quienes forman parte de nuestra economía, ya sea formal o informal. Una responsabilidad hacia respeto mútuo.

No se bien exactamente como me siento cuando leo statuses en Facebook a los cuales se refieren a “necesitar” un empleada de hogar. Es costumbre Mexicana “necesitar” ayuda. Pero también es costumbre Mexicana el necesitar ser apoyados por el sistema cual constantemente se aprovecha de nosotros. Un sistema que permite un alto nivel de pobreza sistemática.

Mi punto, no es sencillamente abarcar este tema en términos económicos, sino sociales y de lo semántico ¿Qué dice de nuestra sociedad cuando nos referimos a un sector de nuestra población necesitada como mercantil?

Este hábito de buscar empleados a través de las redes sociales no inusual. Es la manera más sencilla y existe el factor de necesitar confiar a quien entra a tu hogar. Por ende tiene mucho sentido buscar dentro de tu propia comunidad. Esta práctica también se repite en otros sectores laborales como el de freelancers: programadores, diseñadores gráficos, o otros múltiples tipos de trabajos.

No es decir que es una población que no viene con sus propios problemas. No es coincidencia que muchas se ven aprovechar de quienes las emplean. Son mujeres cuyo instinto de supervivencia está basado en condiciones muy distintas de quienes las emplean. Son dos culturas muy distintas viviendo bajo un mismo techo. Son dos statuses socio-económicos coexistiendo de la manera más armónicamente posible bajo la condición de que una parte tiene poder y la otra obedece. No son condiciones laborales como en cualquier otro sector donde uno puede decir, “No es parte de mi trabajo”. 

Pero este sector de la población, el de trabajadoras domésticas, es compuesta en gran parte por jóvenes de las edades de 15 a 19 años de edad con una escolaridad de primaria si es que alguna.

No es lo mismo la comercialización de un empleo que requiere alto nivel educativo a uno de una población indígena, joven, de bajos recursos, necesidades financieras y bajo nivel de educación. Muchas sufren abuso doméstico en sus propios hogares, son madres solteras, y son quienes mantienen a su propia familia.

Cabe mencionar que muchas de estas jóvenes habitan por gran parte de su semana laboral dentro del hogar de empleo, lejos de sus casas, lejos de sus familias y de sus comunidades.

Es así que propongo el cuestionar cómo es que hablamos sobre y tratamos a un sector de nuestra población con necesidades más graves que las de ellos quien las emplea. No concuerda el sentimiento de “confianza” que se expresa sobre ellas, la manera informal en la cual hablamos de ellas con los demás con el trato general que se les da dentro de nuestra sociedad. Es este trato cual termina definiendo su calidad de vida fuera del hogar donde trabajan.

Es con esta información que debemos cuestionar qué exactamente es la necesidad de tener muchacha. Mientras por un lado es un sector laboral legítimo y parte de la composición de nuestra sociedad; son mujeres que viajan de estado en estado buscando mejores oportunidades. Debemos comenzar a cuestionar cómo es que las podemos apoyar más allá de un salario mínimo establecido por un sistema que les niega gran parte de sus derechos como ciudadanas mexicanas.

This time, I chose.

I’m having a surgery. I don’t know what number it is out of what I believe are over a dozen since I was 5. And I haven’t had one in almost 8 years. It’s the longest time I’ve had between each.

Those before this one were 95% not by choice except the one time I threw in a rhinoplasty since I was already going under for other reasons. My nose had always bothered me so why not. It was nothing in comparison.

Each surgery was doctor recommended and parent motivated. I was strung along this “adventure” as I struggled to grapple with why other kids didn’t have to miss school, have tutors, or a round-the-clock nanny.

This stringing along often made me feel like an object that needed fixing. Like one of those dolls or handbags that comes out of a factory with a production error. Except I’m a person and you can’t return me and get a refund. As cynical as that sounds, it’s the best way I can describe how I often felt.

Since what I had thought was my last surgery, a lot has happened. All those feelings of helplessness and resentment finally caught up with me and I began to drown in everything that I had once ignored. It’s as if my mind and body had gone into survival mode throughout my childhood in order to be able to deal with what was happening. And once it came to a halt – the reality of it all finally kicked in.

After about 15 years of consecutive surgeries, it took me 7 years to process what had happened and come to terms with who I was. It’s year 8 and I’m putting myself through it again.

I had just moved back to Mexico and gained a little weight after quitting smoking the past year. I noticed that the side of my face with the production error was feeling a little heavy. I notice that my left cheek looked like it was slightly hanging. That’s when I realized the reality of my future.

With no real bone structure on the left side of my face and nature doing its one job, I came to realize that gravity would not be so kind to me. The aging process can already be somewhat daunting but to think of one side of my face melting off more so than the other just freaked me the hell out.

While I had taken so long to get used to my face, it suddenly dawned on me that it wasn’t over. Now, my fears aren’t about surgery itself but what’s to come if I don’t get ahead of the curve. But there is also a new fear. One that I hadn’t felt before.

I used to worry about what would come out of the OR after the procedures. But now I worry how my head will react.

After 7 years of struggling with myself and then finally coming out for some air, I found myself quickly deciding what I wanted next. And while it is something I want, there is a tremendous fear that I’ll go back to that place where looking in the mirror only made me angry.

My mother keeps trying to remind me that I should keep my expectations in check. After the first consultation with this new doctor, I wasn’t very pleased by his reluctance to say much. Logically I understand why, but emotionally I was upset and disappointed. It was the first time we met a doctor, sat in his consultation room, and explained what I wanted because I wanted it.

By the second appointment, without my prompt, he explained my fears about gravity and nature taking its toll. He explained the possibilities of what could be done and I left thinking, “I knew it.”

Pleased with what he had explained, all that was left to do was wait and waiting is no easier than the rest of it.

A bit over a month a go I had a couple of strange weeks where I felt myself reverting back to old emotions and habits. I found myself drinking a bit too much and stealing cigarettes from family members. But I’m not 20 anymore. While I have started smoking again, I got myself a new therapist and decided that if I was going to this I wasn’t going to let my anxiety and PTSD get in the way of me being okay.

7 years of experience with depression and PTSD can come with learning a lot about yourself. It helps you know beforehand when you might trip again. It helps you know that you need to put your hands in front of you before you land. It helps you prevent any harmful damage because: 1) You know what that looks like, and 2) You don’t want it anymore.

As of now, the surgery is scheduled. The waiting will soon end and I will have to deal with whatever happens when it does. I’m excited, nervous, and anxious all at the same time. I’ve never had a surgery that directly deals with what I was born with because I wanted it. This time, I chose.

While I still have that voice in my head that fears what may happen at the end of this month, I am using every tool, every experience, and every ounce of self restraint to stay as calm as I can. Because if there is one thing I have learned from all of this, it’s that I do have a choice.

My Great Conflict

When I was 15, I decided I wanted a tattoo. I didn’t know what to get. I knew I didn’t want something I could possibly get sick of. I didn’t want something cheesy, something devoid of meaning, nor something that could eventually lose all meaning. Some ten years later, it came to me.

I’ve grown up with what I call “my great conflict”. A conflict between what is my physical self and what you could describe as my character or personality. Whenever I went to my therapist, whenever I had a moment alone late at night in my bedroom, or after long evenings whenever I drank so much wine I lost all inhibitions, I would ask myself, “Who would you have been with a different body?” I would then often cry, belittle and blame myself for feeling so pathetic.

I wouldn’t be surprised to find that this is not an unusual question or situation. I would bet that many have asked themselves a similar question. Who would I be if I could hear; if I could walk, If I could see, if I could lose weight, if I were taller, shorter, if I were a man, if I were a woman, if I had darker skin or lighter skin? So many things we are spectacular at being displeased with.

In my experience, this question has come up as a way of often rejecting who I am because of a physical attribute I so whole heartedly refuse to accept as part of me. It has meant questioning the strength of my character which would often seem to balance delicately on the fact that something had happened to me which was out of my control.

Am I me because my home life informed my behaviour and genetics predisposed me to have certain personality traits? Or am I me because these personal experiences I dislike and am tormented by, molded me into behaving in certain ways I struggle to come to terms with?

My former therapist, I believe like any other therapist, would say I was a mix of both. But the thing is, there was a lot of myself that I simply didn’t like which then prompted the question. I was so angry at what I hadn’t had control over that I therefore relinquished power of the one thing I actually did have control over, my choices. For the longest time I have been living with that oxymoron.

I quite often did things I knew I wasn’t pleased with. Things that put me in danger and hurt those around me. Things that I knew I would have to carry with me for the rest of my life. Things that allowed me to indulge in the anger I was experiencing over the one thing I felt I had been cheated with, my body.

Instead of dealing with what I was feeling, I decided that I was better off throwing my hands up in the air than actually working on what was really going on. Therefore my body was one thing, my mind was another. My body was an object and my principals, thoughts, and beliefs were something else entirely and I became really good at tricking myself into believing  I was separating them both.

There was a certain pride that came with feeling like I was able to detach myself in that way. It made me feel superior to all the other silly people that cling to their body as if their persons were based on what I considered to be the frailty of something that will eventually cease to exist. No. I was above the silliness of the physical world. I was my convictions and principles. I was what I spoke up about and defended and studied. I was not a mere mortal. I knew my body was a temporary vessel for what was the greater goal, leaving a mark that would live past the working brain and beating heart.

This duality became a coping mechanism. It became a way of detaching from the physical world and letting me get lost from the reality I was trying so hard to get away from. Like a drug addict, I needed ways of crawling out of my skin so I could forget that I actually couldn’t get away from who I was no matter how hard I tried.

More therapy, more crying, more yelling, a not so nice boyfriend, and long discussions with friends and family have ensued. And a tattoo. A circle on my ankle that is half filled and half unfilled. Half filled with everything my body had been through and half unfilled with everything I’d thought about the world and my place in it. The circle was my long life struggle to accept that I was one whole piece and I had no choice but to accept it no matter how many times I tried to get around the subject.

The tattoo was not about the end to my great conflict. It served as a self admittance that the conflict was even there to begin with. It served as a way of owning up to what I had been through, what I had put myself through, and what I was working towards. It continues to be a symbol of all of that as I keep working to make sure that the circle remains a circle.

For now, all I can say is that: while I wish much of what is real, wasn’t; I accept that it is and I am only a mere mortal.

 

 

 

 

Hablando de Apariencias

 

Este video lo grabe antes de mi último post. Quería explorar lo que sería hacer un vlog, pero al momento de prender la cámara me tuve que detener a mí misma. Cada vez que he tratado de hacer un proyecto donde me grabo a mí misma, no lo hago, termino en lágrimas. Se me olvida que no me veo como yo pienso que me veo y ese engaño puede ser doloroso. Es por eso que hice este video como manera de enfrentar ese miedo.

(Cabe decir hay muchísimos bloggeros famosos que te van a decir como deberías de sentirte o que hacer para vivir tu vida a como los demás esperan que lo hagas, no hagan caso. La vida es complicada, nadie saben que onda, y todos tratamos de hacer lo mejor que podemos)