Sin contexto, no hay dialogo – Without context, there is no dialogue (esp-ingl)

My politics on gender are often belittled by those that often prompt me to discuss them. I’m often characterized as being to stubborn, harsh, dramatic, and hard-lined. But I was recently thinking about how I myself have begun to get tired of the subject. It’s a juggling act between not wanting to fight anymore but being pushed to do so.

Mis políticas sobre género son seguidamente criticadas por aquellos quienes me impulsan a discutirlas. Seguido se me caracteriza como necia, densa, dramática, o dura. Pero recientemente estaba pensando sobre como yo misma me encuentro algo cansada del tema. Se ha convertido en un juego de malabares entre el no querer pelear más y el ser empujada a hacerlo. 

After a year and a half of moving back home, I’ve come to realize that the only reason I find myself feeling the need to defend my feminist stance so often is due to the very environment I find myself in. It hasn’t even been about discussing feminism at all actually, but rather having to fire back at comments and discussions that, at this point in time, shock and puzzle me.

A un año y medio de haber regresado a casa, me he dado cuenta que la única razón por la que me encuentro teniendo que defender mi postura feminista es por el mismo contexto en el que me encuentro. No ha ni tratado sobre feminismo como tal, si no sobre tener que responder a comentarios y discusiones que, a este punto en nuestra historia, me sacuden y confunden.

It was in New York where my politics were molded. The irony with that lies in the fact that rarely was gender ever a topic of discussion outside of my academic surroundings, the news, or the state of politics. Granted, New York is a liberal bubble. It’s vastly diverse population makes discriminating a moronic act itself. One would have to be an idiot to attack someone different from them as there is an army behind each and every one of its citizens. It is not to say that gender discrimination, or any kind of discrimination, doesn’t exist – that would be a gross mischaracterization. I was a participant in the 2016 Women’s March in NY. But in my 8 years living there, was it never as palpable as it is in my current life. It was rarely a topic of discussion in my social life except when we discussed the differences in our treatment between our lives there and the ones back home.

Fue en Nueva York donde mis políticas se moldearon. La ironía cae en el hecho de que con rareza fue el tema de género uno de discusión fuera de mi ambiente académico, las noticias, y el estado politico en el que nos encontrábamos. Seguro, Nueva York es una burbuja liberal. Su población extremadamente diversa hace que el acto de discriminar sea uno imbécil. Uno tendría que ser un idiota para atacar a alguien opuesto a el ya que en esta, Nueva York, cada uno de sus ciudadanos tendrá una armada que lo apoye. No es decir que la discriminación de género, o cualquier otra, no existe- sería una caracterización errónea. Yo misma fui participante en la Marcha de las Mujeres en el 2016 en NY. Pero en mis 8 años ahi, nunca fue tan palpitante como lo es ahora en mi vida. Rara vez fue tema de discusión en mi vida social salvo a cuando discutíamos las diferencias en nuestro trato entre Mexico y Nueva York. 

Now that I’ve settled back in Monterrey, I notice that the topic of women and men as different beings is too often brought up. Not as a back and forth discussion where different points of view are offered to further the gender equality discussion, but rather antiquated behaviours and attitudes socially attributed to either men and women are often brought up in random conversation.

Ahora que ya estoy en Monterrey, he notado que el tema de mujeres y hombres como seres distintos es común en conversación. No un viene y va sobre diferentes puntos de vista sobre como combatir la discriminación de genero, sino los comportamientos y actitudes anticuadas que se le atribuyen a los hombres y mujeres seguido son utilizadas aleatoriamente en conversaciones. 

In my hometown of San Pedro, the socially created dividing line between men and women is a constant living breathing aspect of life. In the past decade, never had I been reminded so often that I am a woman, and not in a good way. I am not here to say that no differences lie between men and women. But I find myself asking why it’s a punch line in every conversation that I seem to be involved in. This has become excruciatingly exhausting.

En mi ciudad natal, San Pedro, la socialmente creada linea divisoria entre hombres y mujeres es un aspecto viviente en la vida cotidiana. En la última década, jamás se me había recordado con tanta frecuencia que soy mujer, y no de una buena manera. No estoy aquí para decir que no existen diferencias entre hombres y mujeres. Pero seguido me encuentro preguntándome porque es que es un punto de argumento utilizado tan seguidamente dentro de las conversaciones en las que me encuentro participando. Esto se ha vuelto enloquecedoramente agotante. 

Behind every social act, there exists the background noise of gender differentiation. Every social gathering takes into account gender. Whether it’s game night, movie night, going out, or lounging around, who will be in attendance? Are girlfriends/wives invited? Boyfriends/Husbands? If so, is it then only couples night? Maybe only men so they can talk about the things women can’t be privy to. They aren’t always comfortable being themselves around women. Which pegs the question…

Detrás de cada acto social, existe el ruido de diferenciación de género. Cada reunión social toma en consideración género. Ya sea noche de juegos, de cine, de salir a la fiesta, or tirar flojera, se considera: ¿quién participara?¿Van novias/esposas?¿Novios/Esposos? Y si sí, ¿entonces es noche de parejas? Capaz y solo hombres para que puedan hablar de las cosas que no pueden decir enfrente de mujeres. No siempre están cómodos siendo ellos mismos frente a ellas. Cual hace uno cuestionar…

Parenting is a big one. It is one of the most common points of conversation in every social circle as it continues to be one of the main driving forces, if not the main one, of life in my hometown. Parenting: it’s for women and any man that does anything parent related is often mocked for being “whipped”. As a topic, I’m down. Even if I’m not a parent myself, I have no issue against discussing parenthood. But the issue lies in the details. How the role of either parent takes shape and what is socially accepted and expected from either of them.

El tema de crianza también es uno grande. Es una de las conversaciones más comunes dentro de los círculos sociales ya que continúa siendo uno de los aspectos, si no el más, importante de la vida en nuestra comunidad. La crianza: es para mujeres y cualquier hombre que hace cualquier cosa relacionado con eso, se ridiculiza por “dejarse”. Como tema, estoy puesta. Aun cuando no soy madre, no tengo ni un problema discutiendo el tema. Pero el problema cae en los detalles. Como los roles se forman y que es socialmente aceptado y esperado de cada uno de ellos. 

Another huge, fat, big one, is the conversation of personality. Yes, it is often that the misogynistic views of the hysterical, stubborn, bossy woman are brought up; also is it common that unflattering adjectives often attributed to women are used as a way of talking about them by men and women. Whatever conversation you may be having, you can always depend on that one person who will make the dividing statement about how women are one way and men are another way. As you read that, I’m sure you can think of a few examples yourself; it’s engrained in our social consciousness.

Otro enorme, gordo, grande tema es el de personalidad. Sí, seguido es que escucho la típica descripción machista de la mujer histérica, necia, mandona; también son comunes los adjetivos dañinos que se le atribuyen a la mujer como manera de tener un conversación sobre ellas por parte de los hombre y mujeres. Cual sea la conversación que estés teniendo, siempre se puede depender en esa persona que hará el comentario sobre como las mujeres son de una manera y los hombres de otra. Seguro se te ocurren algunos ejemplos al leer eso; esta grabado en nuestra conciencia social.

With this, one realizes that social life is then not about just people but rather always about roles. This has become an actual part of my life. Constantly listening to jokes about women, being spoken to or told to behave a certain way because I’m a woman, and walking around with the label of “woman” tattooed on my forehead while then being reprimanded for having anything to say about it. I have received props in the past for my opinions and articles on the subject, but it almost feels meaningless when in life, the fruits of my labor become null.

Con esto, uno se da cuenta que la vida social no trata sobre solo personas sino siempre sobre roles. Esto se ha convertido un aspecto real de mi vida. El tener que escuchar bromas sobre mujeres, el que se me dirijan o me digan que me debo comportar de cierta manera porque soy mujer, y el caminar con la etiqueta de “mujer” tatuado sobre mi frente y el ser hostigada por tener algo que decir de ello. Me han dado halagos en el pasado por mis opiniones y artículos sobre el tema, pero casi se siente insignificante cuando en vida, el fruto de mi labor se vuelve nulo. 

Those close to me, know my stance pretty well. They therefore know I’m an easy target for jokes and insults about women and they, mostly poking fun, take advantage of it. And while I can have a sense of humour about it, I’ve also reached a point where all I want to say is, “GET OVER IT!” If they are tired of hearing about feminism, then why make it an issue at all?

Quienes me conocen, conocen mi postura bien. Por ende saben que soy vulnerable a bromas e insultos sobre mujeres y ellos, casi siempre como broma, toman provecho de ello. Mientras puedo tener un sentido del humor, también he llegado a un punto donde solo quiero responder, “¡SUPÉRENLO!” ¿Si están cansados de escuchar sobre feminismo, entonces para que lo hacen tema?

I know that, even though part of myself is ready to give up, I will forever be ready to argue for the equal treatment of all. It’s wired into me. But I found it necessary to explain that it is the context in which I find myself the very thing which brings me to do so, not the other way around. It is not my intention to bring it up every chance I get. I wish I didn’t have to at all! However, it is my intention to make people check themselves when what they say, believe, or imply about gender differentiation is misguided, dangerous, and consequential to the very community they belong to.

Yo sé, aunque parte di mí ya se quiere dar por vencida, que siempre estaré armada con argumentos a favor del trato equitativo de todos. Corre por mi sangre. Pero sentí necesario explicar que es el mismo contexto en el que me encuentro el que me hace hacerlo, no al revés. No es mi intención sacar el tema cada vez que surja la oportunidad ¡Quisiera no tener que hacerlo! Sin embargo, sí es mi intención hacer que la gente se cuestione cuando dicen, piensan, o presuponen diferenciaciones de género que nacen de un lugar mal guiado, son peligrosas y consecuentes a la misma comunidad a la que pertenecen. 

 

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El Aborto Es Planeación Familiar

Durante el fin de semana ante pasado casi un millón de simpatizantes del movimiento “Ola Celeste México” armada por Frente Nacional por la Familia (FNF) se reunieron a nivel nacional para protestar contra el aborto.

Se dice que hubo testimonios de toda clase. Pero aún cuando hayan tenido testimonios científicos, en un país donde 80% de sus habitantes se identifican como Católicos, no es sorprendente que tantos ciudadanos vayan en contra de la interrupción de embarazo. Es importante que como país entendamos de donde nacen nuestras motivaciones.

Los anti-aborto suelen utilizar retórica positiva cual crea lenguaje afirmativo. Frases como “Sí a la vida” hacen pensar que quienes estamos a favor del aborto decimos “Sí a la muerte”.  Esta falacia comparativa es peligrosa.

La FNF no está pensando en la familia como su nombre lo insinúa. En un país donde la prevención al embarazo es escasa, ocupamos el primer lugar en embarazos en adolescentes y 43.6% de nuestra gente vive en pobreza, el acceso al aborto es cuestión de responsabilidad a la salud de nuestro país. El acceso al aborto es pensar en la salud, no solo del país, pero de los núcleos familiares.

La planeación familiar es suprema para la salud económica y calidad de vida de cualquier sociedad. Cuando estamos hablando de México con su pobreza monetaria, educativa, y laboral, negar el acceso al aborto es atarse las manos frente a uno, hincarse y rezar por un milagro que no va a suceder.

Una de las opciones que ofrecen estos movimientos en contra de la planeación familiar es la adopción. De nuevo, con casi la mitad de nuestra sociedad mexicana en pobreza, la adopción es escasa; casi inexistente. Entre Enero y Junio del 2018, solo 5 niños fueron procesados exitosamente por el DIF.

Lo que resulta es una población de niños y adolescentes abandonada por sus padres que se sitúa en albergues de bajos recursos. Es una población en riesgo a la violencia que persiste en nuestras comunidades. Es una población de futuros adultos que tendrán que lidiar con el abandono de su sociedad.

Además, somos un país que aún sufre altos niveles de violencia contra la mujer y a menores. De acuerdo a la OCDE, México ocupa el primer lugar en abuso sexual y violencia a menores ¿Dónde está la planeación familiar?

La Frente Nacional por la Familia no dice “Sí a la vida”. Dice, “No a la planeación familiar”. Dice, “No a la responsabilidad económica”. Dice, “No a la educación sexual en la escuelas públicas y el hogar”. Dice, “No a la autonomía de la mujeres”. Solo dice “Sí” a aquellas niñas y mujeres que preguntan si deben de abandonar sus estudios para trabajar por un salario mínimo para apenas poder alimentar a ese bebé que no querían o podían tener.

Quienes estamos a favor del aborto decimos “Sí a tu autonomía”. Decimos, “Sí a que tomes control de tu futuro”. Decimos, “Sí a las segundas oportunidades”. Decimos, “Sí a la planeación familiar”. Decimos, “Sí a un país que asume responsabilidad por sus fallas”.

El tema del aborto va más allá del debate sobre dónde comienza “la vida”. Va más allá de la religión y el lenguaje emocional que somos propensos a utilizar cuando hablamos del aprecio que tenemos por vivir. Mientras haya aspectos de la vida que tengan una finta “milagrosa”, no significa que debamos abandonar el razonamiento a cada vuelta por llamar algo “un milagro”. 

El tema del aborto trata sobre ser una sociedad responsable, inteligente, y considerada. Debemos poner nuestros egos e ideologías a un lado y considerar que no siempre sabemos las cosas que nuestros amigos y vecinos viven. 

De nuevo, somos un país 80% Católico. Lo más probable es que todos conocemos a alguien que ha tenido que tomar esa decisión difícil a través de métodos ilegales, peligrosos o necesitando ir lejos para poder accesar el cuidado que requieren.  Pero dado a una ideología que busca crear miedo a través del prejuicio, vivirán con ese secreto por siempre. Esa no es la clase de sociedad dentro de la cual yo quiero pertenecer.

“¡Busco muchacha de quedada!”

“¡Busco muchacha de quedada!”, “¡Necesito muchacha de entrada por salida!” son frases que leo constantemente en Facebook. En San Pedro Garza García, NL, con toda su riqueza, el intercambio de muchachas, o trabajadoras domésticas, funciona como un mercado de subasta. Se hace la recomendación en los comentarios, se describen sus habilidades (cocinar, limpiar, etc) y al siguiente hogar se manda.

En México, alrededor de 2.2 millones de personas ocupan el puesto de empleados domésticos. De esa cifra, de acuerdo al INEGI, 96 de 100 son mujeres. En Nuevo León, se cuenta con alrededor de 40 mil mujeres indígenas en el puesto.

Desafortunadamente, aún cuando algunas familias observan a estas mujeres como parte de su núcleo, las cifras publicadas por la INEGI también demuestran que solo 2 de 100 empleadas domésticas en México tiene acceso a seguro de salud como parte de sus derechos laborales.

Además de una falla en sus derechos laborales, trabajadoras de hogar expresan una falla en su trato como entidad humana. Se expresa una frecuencia alta de maltrato, humillación, y exceso de trabajo con poco pago. Es cierto que se les exime de la obligación a Vivienda y por ende se es visto su ingreso como voluntario. Pero su supervivencia no es solo responsabilidad del Estado, si no de nuestra sociedad.

Debemos ser precavidos al como nos expresamos cuando hablamos de los trabajadores de hogar. Cuando observo estos statuses en Facebook, veo lenguaje cual refleja uno de mercancía a la renta, o casi, a la venta. Como sociedad, tenemos una responsabilidad a todos quienes forman parte de nuestra economía, ya sea formal o informal. Una responsabilidad hacia respeto mútuo.

No se bien exactamente como me siento cuando leo statuses en Facebook a los cuales se refieren a “necesitar” un empleada de hogar. Es costumbre Mexicana “necesitar” ayuda. Pero también es costumbre Mexicana el necesitar ser apoyados por el sistema cual constantemente se aprovecha de nosotros. Un sistema que permite un alto nivel de pobreza sistemática.

Mi punto, no es sencillamente abarcar este tema en términos económicos, sino sociales y de lo semántico ¿Qué dice de nuestra sociedad cuando nos referimos a un sector de nuestra población necesitada como mercantil?

Este hábito de buscar empleados a través de las redes sociales no inusual. Es la manera más sencilla y existe el factor de necesitar confiar a quien entra a tu hogar. Por ende tiene mucho sentido buscar dentro de tu propia comunidad. Esta práctica también se repite en otros sectores laborales como el de freelancers: programadores, diseñadores gráficos, o otros múltiples tipos de trabajos.

No es decir que es una población que no viene con sus propios problemas. No es coincidencia que muchas se ven aprovechar de quienes las emplean. Son mujeres cuyo instinto de supervivencia está basado en condiciones muy distintas de quienes las emplean. Son dos culturas muy distintas viviendo bajo un mismo techo. Son dos statuses socio-económicos coexistiendo de la manera más armónicamente posible bajo la condición de que una parte tiene poder y la otra obedece. No son condiciones laborales como en cualquier otro sector donde uno puede decir, “No es parte de mi trabajo”. 

Pero este sector de la población, el de trabajadoras domésticas, es compuesta en gran parte por jóvenes de las edades de 15 a 19 años de edad con una escolaridad de primaria si es que alguna.

No es lo mismo la comercialización de un empleo que requiere alto nivel educativo a uno de una población indígena, joven, de bajos recursos, necesidades financieras y bajo nivel de educación. Muchas sufren abuso doméstico en sus propios hogares, son madres solteras, y son quienes mantienen a su propia familia.

Cabe mencionar que muchas de estas jóvenes habitan por gran parte de su semana laboral dentro del hogar de empleo, lejos de sus casas, lejos de sus familias y de sus comunidades.

Es así que propongo el cuestionar cómo es que hablamos sobre y tratamos a un sector de nuestra población con necesidades más graves que las de ellos quien las emplea. No concuerda el sentimiento de “confianza” que se expresa sobre ellas, la manera informal en la cual hablamos de ellas con los demás con el trato general que se les da dentro de nuestra sociedad. Es este trato cual termina definiendo su calidad de vida fuera del hogar donde trabajan.

Es con esta información que debemos cuestionar qué exactamente es la necesidad de tener muchacha. Mientras por un lado es un sector laboral legítimo y parte de la composición de nuestra sociedad; son mujeres que viajan de estado en estado buscando mejores oportunidades. Debemos comenzar a cuestionar cómo es que las podemos apoyar más allá de un salario mínimo establecido por un sistema que les niega gran parte de sus derechos como ciudadanas mexicanas.

Feminismo: La Palabra Sucia de México

El 4 de noviembre, la actriz Emma Watson se sentó en Londres a entrevistar a la activista Pakistani, Malala Yousafzai, sobre su reciente documental “Él Me Llamó Malala”. Durante la entrevista, ambas mujeres, luchadoras por la igualdad de la mujer, discutieron la confusión sobre el significado de la palabra feminismo. Malala expresó que cuando escucho la palabra por primera vez, sintió una inquietud por adoptar la etiqueta dado a las connotaciones negativas y malas interpretaciones que tienden a perseguir su significado. Durante su conversación, Watson se conmovió al aprender que fue su discurso a las Naciones Unidas cual causó que Malala reconsiderara su asociación a la palabra. Fue el discurso de Watson la razón por la cual Malala ahora se refiere a si misma como feminista. Esa inquietud hacia el término feminismo que sintió la mujer que se desvive por los derechos a la educación de niñas, no es fuera de serie.

El mexicano conoce bien el término machismo. Recientemente, en discusión con amigos, se expresó que observan ambas etiquetas como extremistas. Pero he ahí el problema. Es un mal entendimiento observar ambas palabras, machismo y feminismo, a la par. Es importante no confundir estas palabras como antónimas. El machismo tiene como definición el alardear lo masculino y la dominación total de la mujer. El término refleja una historia patriarcal en cual la mujer a sufrido un posición de ciudadanía de segunda clase. Refleja las cifras de desigualdad en empleo, toma de decisiones en el hogar, ganancias laborales, y abuso sexual y emocional hacia la mujer. Es un término que describe un character empedernido en nuestra cultura basada en reglas sociales antiguas y agotadas. El feminismo, no es su contrario pero su enfreno.

El feminismo no es la dominación del hombre, pero su equilibrador. El feminismo no es una palabra sucia. Es un borrador del pasado en el cual la mujer sistemáticamente a temido tomar decisiones por sí misma. Decisiones cuales abarcan su núcleo hogareño, sus finanzas, sus opiniones, y su cuerpo. Sencillamente, el feminismo es la defensa por la igualdad de la mujer al hombre en términos políticos, financieros, y sociales.

La relevancia de aclarar la realidad del término ‘feminismo’ es una responsabilidad hacia el bien de nuestras comunidades. Como mujeres tenemos que no temerle al término mismo, si no a nuestra inquietud a su malinterpretación. Ser feminista no es ir contra el hombre, si no a la par de él. Ser feminista no es callar al hombre, si no poderse comunicar con el. Ser feminista no es agarrar armas y entrar en una guerra de los sexos. Ser feminista es creer que mereces los mismos derechos que se le ceden al hombre como entidad humana.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publicó cifras en el 2008 que muestran los diferentes sectores públicos y privados en los cuales reflejan la disparidad entre géneros en el estado de Nuevo León. Expresan en su publicación:

“El desarrollo humano de un país no puede alcanzarse si no se tiene en cuenta a la mitad de la población, es decir, a las mujeres.”

“La discriminación, la violencia y la amenaza de la violencia que padecen las mujeres por el hecho de serlo, en prácticamente todos los ámbitos de sus vidas, las frenan en el desarrollo de sus capacidades, inhiben el ejercicio de sus libertades y, en consecuencia, se violentan sus derechos fundamentales. Atender la discriminación y la violencia en la entidad es un imperativo urgente si se quieren alcanzar mejores niveles de desarrollo que abarquen el ejercicio de la ciudadanía plena de las mujeres.”

Personalmente, tengo mujeres en mi vida que han logrado un éxito incomparable a nuestras predecesoras. Soy feminista porque mi madre lleva 35 años trabajando dentro de su propia empresa. Soy feminista porque una de mis hermanas es arquitecta y la otra diseñadora de modas. Soy feminista porque mi padre me da mi lugar, mi voz, y mi voto. Soy feminista porque observó a mujeres de mi alrededor romper con las estructuras previas que continúan a limitar nuestro avance. Mas importante, soy feminista porque dentro de mi pais hay mujeres que viven en silencio. Mujeres con miedo de tener su propia voz. Mujeres continuamente derrotadas por el miedo a su propia supervivencia. Feminismo no es una palabra sucia a la par del machismo. Feminismo es nuestros derechos.


Vean la increíble entrevista de Watson y Malala aquí